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Audio de |Otra muerte|

Otra muerte

Podría ser que el tiempo en esta tarde

inunde nuestros ojos inundados

de nostalgia. Y puede que los dados

no caigan en el lado del cobarde.

Quizá estoy ventilando la osadía

que olvida los rencores y el escudo;

y puede que te extrañe, porque dudo:

no sé si sé olvidarte todavía.

Mas puede que el minuto venidero

sujete las pestañas de mis ojos

y deje que el reloj dicte la suerte,

y puede que, en el viaje, el lucero

reseque -hasta pudrirlos- los enojos,

y crea yo en la paz y en otra muerte.


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Lectura de | Enero |

Enero

Te dejaré silente en la mañana,

los cabos que hubo sueltos ya enlazados,

los torsos con escrúpulos de amados.

Inmóvil que hará ruidos la persiana

y no la escucharás. Seré en la calle

un súbito turista en el desgando

del barrio viejo hirviendo de verano;

seré tu hombre al fin, sin más detalle.

Quitandoté los miedos en un acto

apático y romántico y dolido,

te oí amar mi cuerpo y luego muda.

No habrá otra noche aquí, tal es el pacto.

No habrá otra noche aquí, ya te has dormido.

No habrá otra noche aquí, no queda duda.


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Audio de |La librería|*

La librería

Salida de anteayer, la librería

envuelta en su seudónimo brillante,

me abraza y me reprime, inconstante,

me besa todo el cuello en su osadía.

Platónica en el cuerpo y el deseo,

cristiana, tragicómica, fulana.

No sé si es el ayer o es el mañana

o un súbito y perpetuo merodeo.

Los ceros y los unos y los otros,

las sendas peatonales, los donjuanes,

los novios, los amantes y nosotros

volcando en la clepsidra otro fluido

de falso amor, de puros ademanes

(acaso no te tuve y ya te has ido).


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Lectura de |Protesta que hay de gloria en esta huerta|*

Protesta que hay de gloria en esta huerta

Protesta que hay de gloria en esta huerta,

y es fática y fatal la pesadilla:

los versos que espié por la mirilla

por mí los tengo aquí; la puerta abierta.

 Sonata del desorden mesurado,

habrás venido a verme y yo dormía.

No es justo, no es trivial, no es todavía;

navego y estoy quieto, recostado.

Dictámenes del beso: quién evoca

-como este fiel- sus ánforas de normas;

¿acaso ven la sed y no aceleran?

Amor del telegrama que fue impreso.

El fin quiero abrazarlo de mil formas,

mis manos, mis cumplidos, no exageran.


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Audio de |La belleza|*

La belleza

La belleza, siendo nadie, destrozó

el patio colorado de mi mente;

y ahora, procurando algún cliente,

la pena con sirenas me esposó.

La belleza, que contrata al corazón

y lo hace exclusivo a sus caricias,

grita fuerte y no viene con noticias,

detiene en su higiene a la razón.

De noche es canalla y no perdona,

y entona Norah Jones mientras repasa

a Borges con la gente de su zona.

Etérea, la belleza es una suerte

de huésped que nunca ha dormido en casa.

Y el centro sin suburbios. Y la muerte.


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Lectura de |Blandir un alma|*

Blandir un alma

La noche, si es apática aquí afuera,

será emigrar los ojos a la lluvia.

El hombre que habla menos, más diluvia.

Precipitar la voz es la quimera.

La noche, si en la calle ha sido adusta,

te guarda un cimbronazo en el costado

derecho de la cama. Qué pecado

fatal desconocer que un beso asusta.

La noche, más oral que una plegaria.

La noche, menos dócil que tus lentes.

Las noches que atestiguan los abrazos.

Llorar, blandir un alma temeraria

que alarme y ponga fin a tus ponientes

lejanos a este catre, a estos trazos.


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Audio de |ánforas|*

Ánforas

Te llevo por el río un largo tramo.

No quiero renegar de las tormentas

si en otras latitudes cenicientas

no dictan los silencios que reclamo.

Te llevo por el río, en el camino

el alma se me arrastra contra el ripio

y finge libertad como al principio

(el río, ese reloj adamantino).

Si sueño que soy libre, nada sueño,

despierto con apuros y empecino

las ropas y la piedra en cada octava.

Impávido, te abrazo sin empeño.

Te llevo por el río mortecino,

el remo -el corazón- como una ochava.


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Lectura de [aun si no te espero]*